Revista Cine Cubano Nº 20
. Fragmento del artículo de Joel del Río “Correspondencias del olvido y la memoria. Documentales cubanos del siglo XXI.”

En medio de catarsis convulsivas y necesarias inconformidades, Voces de un trayecto significó un alivio, pues se las ingeniaba para complejizar el panorama del exilio, y desterrar toda visión polarizada o extremista, a propósito de los testimonios aportados por los propios entrevistados, quienes fueron cuidadosamente elegidos entre los músicos, los actores y las actrices, que intentan abrirse paso en el contexto artístico español. Con mayores o menores dosis de nostalgia, se explican las razones de la partida y del regreso, los dones y las insuficiencias de ser cubano, porque además queda expresado, tácitamente, que los días del porvenir han dejado de pertenecer a las antorchas desplegadas, la gloriosa igualdad, y el incuestionable consenso. Sin embargo, el documental recompone ideas útiles para el presente y el futuro a partir de la alegría, el espíritu emprendedor, y los restos humeantes, pero todavía cálidos, de algunas imprescindibles antorchas. Apostando por un futuro de concurrencias que restauren el ideario cubano sobre la migración, y rebasen de una vez por todas el sectarismo estrechamente nacionalista e insular, declara el actor Vladimir Cruz en la recta final de Voces de un trayecto que «ya pasó la época de reafirmación de la identidad en el cine cubano, si eres cubano y vives en Madrid harás el arte de un cubano que vive en Madrid (…) [además] la cultura cubana no nació con la Revolución, y que no estés de acuerdo con aspectos de la política, no le da derecho a nadie a juzgar tu cubanía, o a juzgar en qué medida puedes representar o no a la cultura cubana». En esta, y otras declaraciones, se alude al olvido de sus compatriotas que padecieron varias generaciones de artistas cubanos, quienes escogieron el exilio para continuar su vida y obra. La actriz María Isabel Díaz se muestra convencida de que «en todos los tiempos y países, la cultura sale de su lugar de origen y va a otros sitios; yo creo que los artistas debieran tener movilidad y, por supuesto, enriquecerse viviendo otras realidades». Finalmente, la cantante Gema Corredera propugna toda una visión ecuménica e intercultural del sentido de pertenencia a la Isla cuando confiesa ser «de todas partes, porque las raíces de uno, mejor aéreas, para que no se pudran (…) y siempre habrá dentro de mí una manifestación armónica de lo que soy, pero he cambiado y uno se funde con todo lo que encuentra a su paso, y en la fusión está el crecimiento. Yo no dividiría la cultura cubana en unos de aquí y otros de allá, los cubanos somos todos de Cuba, pero estamos abocados a cambiar, a mutar, y esa asimilación de otras cosas que vemos fuera de la Isla, no nos hace ser menos cubanos, pero sí nos convierte en cubanos nuevos». Y tales son las últimas palabras que se escuchan en un documental que intenta deponer el pesimismo y el resentimiento, y atisba los rebordes de una nueva actitud capaz de observar los errores del pasado y del presente desde una mirada menos adolorida, iracunda o rencorosa.

cartel voces-1VOCES DE UN TRAYECTO  en Salas de Cine, Universidades y textos de investigación